Visión Insular: Dimes y diretes del paraíso versus la innovación

 Aaron Golzman

Innovar en el paraíso, parece ser un insulto a la Génesis de nuestra historia y nuestra fé.

Lo cierto, es que resulta poco probable que cualquier “Adán”, por más antiguo o nuevo que parezca, sienta la necesidad de crear algo si está rodeado de perfección.

El sentido común, cuando nos encontramos en medio de un entorno idílico, nos dice con una voz interna potente, “relájate y contempla”.

De esto, ya se ha escrito y mucho.

Cuando Ortega y Gasset escribe el ensayo “Adán en el Paraíso”, se le acusó de plagio, yo os digo inmediatamente que he plagiado siempre, pero curiosamente, en el plagio a diferencia de lo que se piensa, hay un trabajo duro que implica una intensa búsqueda, buena elección y una interpretación personal…algo no menor en la década del copy paste.

Como el objeto de este artículo no es generar un manual del plagio, volvamos a Ortega y Gasset (O y G). El dice en su ensayo, que el problema de la vida surge cuando Adán entra en el paraíso y el problema del mundo comienza cuando el hombre aparece en él, es decir, el hombre es el problema de la vida!.

Cuesta pensar que en el paraíso exista algún problema y más aún que sea el propio hombre!, pero bueno, continuemos.

La figura mental que generamos al pensar en el paraíso, es una playa de arena blanca con un mar calmo y en lo posible con una atractiva compañera, ahora bien, si lo acompañamos de un coctel tropical, eso sería el paraíso 2.0!.

Biológicamente, está claro que nosotros no somos antepasados de Adán y Eva, sino de los reptiles y mamíferos, y tenemos todas esas herencias (buenas y malas) que nos han ido dejando. Quizás, sea por este motivo que el sol de esa playa idílica, nos recuerde nuestro pasado reptiliano.

Dicho esto, recién creo conveniente hablar de la posibilidad de innovar en el paraíso, ya que si según O y G el hombre es el problema, esto da juego para reflexionar y especular acerca del binomio paraíso e innovación.

Hemos visto (y coincidimos) que una visión occidental prototipo para ejemplificar lo que contemporáneamente entendemos por paraíso, es una isla en medio del océano. En esa línea, desenfundo mi breve anecdotario que transcurre en un idílico archipiélago en medio del Océano Atlántico, frente al continente Africano y que forma parte del territorio Español, me refiero a Las Islas Canarias.

Las Islas Canarias, es el paraíso para millones de turistas en su mayoría provenientes de las zonas frías de Europa y que huyen del gélido invierno, ya que el Archipiélago Canario cuenta con una temperatura media anual de 26ª y una industria turística de excelencia mundial (sobre todo, para personas de avanzada edad).

Cada isla del archipiélago, es un pequeño país, con sus reglas, cultura y características que hacen del Archipiélago Canario, un paraíso diverso.

Este apellido de diverso, nos arroja el argumento suficiente para lanzarnos a especular de algunos factores críticos capaces de caracterizar el ecosistema Canario desde dentro.

Pisé la isla de Las Palmas de Gran Canaria, dejándome llevar por mi instinto aventurero y un proyecto empresarial ilusionante. Nada más pisar la Isla, recibí la calidez de su gente, y fue algo tremendamente simbólico, ya que mi raíz Latinoamericana se sintió en completa sintonía con el nuevo acento y los niveles de alegría desbordante. No lo tuve que pensar más, y pasadas sólo unas horas, Las islas Canarias dejaron de ser mi próximo proyecto y pasaron a ser mi próximo destino.

En un par de semanas, luego de mudanzas oceánicas y temas logísticos y burocráticos, era un residente Canario, listo y en orden para comenzar a interactuar en temas de negocios.

Una de las primeras acciones que desarrollé en Canarias, fue en conjunto con una agencia para el fomento de la inversión en las islas, la que extendió una invitación a parte de mi entorno de inversión, para que interactuara con un puñado de empresarios en las islas de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria.

En este puñado de hombres (100% hombres), se concentraban la mayor parte de las actividades productivas de las islas, y para ser riguroso, las empresas con mayor impacto económico en la industria Canaria. Siempre se ha dicho que una de las características de las economías Latinoamericanas es que su rumbo se decide en un taxi. Esta realidad Canaria, me reafirmó el feeling de mi llegada, que Canarias es un territorio hispanoamericano de tomo y lomo.

Desde la óptica de la innovación, la concentración de intereses económicos dificultan la inseminación y permeabilidad de nuevas tecnologías al interior de la industria, y lo que es más difícil aún, al interior de “las mentes” de los empresarios.

Si no más del 5% de las innovaciones resultan exitosas, es improbable (o muy poco probable) que un empresario quiera invertir “en algo” que tiene un 95% de fracasar y más aun cuando mira a su alrededor y no encuentra experiencias tangibles de inversión que justifiquen su apuesta.

Por ejemplo, una nueva máquina, capaz de optimizar el gasto energético, ahorrando más del 30% del consumo, ¿Que le genera esto al empresario insular?.

Primero. Curiosidad por conocer la tecnología.

No siempre, pero casi siempre, los empresarios quieren empaparse de las prestaciones del nuevo “cacharro” a pesar de no tener los conocimientos técnicos.

A los empresarios insulares con ganas de este empape, es muy importante que las innovaciones lleguen en un catálogo con información didáctica, presentable y fácil de digerir. Si esta incluye testimonios, casi mejor, y si no existe material de estas características, mejor ni presentárselos.

Primero. Exponer los beneficios económicos

Digo primero nuevamente, no por un lapsus calami, sino porque algunos empresarios insulares, peninsulares y continentales sitúan a este punto como el filtro a la hora de seguir hablando del tema de la innovación.

No creo que el orden de estos cuestiones sea gravitante, es más, me gusta que la innovación sea vista como un mero ahorro por parte del empresario, porque da lo mismo lo que gatille la permeabilidad, porque una vez estando dentro, la inseminación que genera las mejoras tecnológicas, las nuevas máquinas, las nuevas formas de hacer, marca un antes y un después.

Esparcidas las preguntas como, cuánto vale?, cual es el ahorro?, quien más lo tiene?, cuánto tarda en instalarse?, cuándo recupero la inversión?, cuáles son sus garantías?, las características del servicio post venta, entre otras cuestiones propias de la aversión y en casos extremos, neofobia innovativa.

Una vez respondidas (mejor o peor) estas interrogantes, el 99% de los empresarios insulares continúa sin invertir. Porqué?

Claramente, uno de los factores que continúa siendo clave es la “masa crítica”.

La probabilidad de que un puñado de empresarios conozcan y experimenten de primera mano casos de éxito en temas de innovación, es baja y si a este factor le sumamos la coyuntura económica actual, orientada fundamentalmente al resguardo y al mantenimiento de posiciones, tenemos una probabilidad muy cercana al cero patatero.

Entonces, ¿porqué la cultura de la innovación y la creación de nuevas empresas (que no necesariamente es innovación) es parte sine qua non del discurso político mundial?

Desde el punto de vista insular, creo que es un argumento válido, factible y necesario para estimular a las empresas insulares a innovar, en lo posible bajo el modelo de open innovation, pero debo decirles que son pocos los empresarios que han optado dejar el paraíso por morder la manzana de la innovación, ¿ustedes lo harían?.

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