Sobresalir Hallar ventaja. Ganar en el trabajo (Primera parte)

Marcus Buckingham

Toda empresa busca empleados con capacidades particulares. Lamentablemente para quienes buscan trabajo, no es tan fácil identificar cuáles son nuestras fortalezas profesionales. Y la razón de esto es que por lo general no logramos reconocer aquello que nos es tan familiar.

Pero lo cierto es que para sobresalir en el trabajo y dar lo mejor de nosotros mismos sólo basta con que identifiquemos y desarrollemos nuestras fortalezas.

Afortunadamente, Marcus Buckingham presenta aquí una lista de nueve perfiles en los que se puede ver reflejada cualquier persona que quiera mejorar su vida profesional.

Este libro es de lectura obligada para cualquier gerente que quiera sacar lo mejor de sus subordinados.

Cómo acelerar la innovación

Las primeras máquinas de rayos X eran difíciles de usar porque los pacientes no se quedaban quietos lo suficiente como para que los doctores pudieran tomar fotografías de calidad. El Dr. Henry Plummer de la Clínica Mayo resolvió el problema al pedirles a los pacientes que aguantaran la respiración. Esta sencilla instrucción permitía que los pacientes se quedaran quietos en el lugar. Fue así que los rayos X se convirtieron en un valioso instrumento para diagnosticar enfermedades.

Los silbatos de Ralph González convirtieron su tienda Best Buy en un gigante de las ventas al por menor. González les pidió a sus empleados que soplaran un silbato cada vez que vieran a un colega haciendo algo correctamente. En poco tiempo, para deleite de los clientes, los silbatos comenzaron a sonar por doquier. A diferencia de la sencilla orden de Plummer, la idea del silbato no funcionó en otras sucursales de Best Buy. Algunos gerentes menos innovadores agregaron reglas extrañas que establecían cuándo se debía soplar el silbato y cuándo no. Las ideas innovadoras de una persona pueden no funcionar para otras personas.

Evaluar nuestras fortalezas

Si queremos sobresalir, debemos identificar los perfiles que encajan mejor con nuestra manera de cooperar con los demás y, luego, usarlos para alcanzar grandes logros.

Los nueve perfiles son:

1. Consejero: nos sentimos felices cuando los demás nos piden ayuda. Confiamos en que siempre tenemos la solución correcta. Nos gusta dividir los retos en partes y resolver los problemas uno a uno. Consideramos que nuestros colegas acuden a nosotros cuando estos no saben qué hacer. Si queremos causar una buena impresión, debemos tomar el reto más complejo del equipo y resolverlo por partes. Si queremos que la gente nos pague por nuestra asesoría, debemos reunirnos con profesionales y convertirnos en expertos acreditados.

Pero es importante que no resolvamos todos los problemas que encontremos. Debemos ser humildes y hacer muchas preguntas. Debemos liderar con el ejemplo y explicar claramente nuestras sugerencias. Si estamos en un puesto gerencial, debemos usar nuestro sentido común. Debemos fomentar que los trabajadores tomen cursos de formación e intercambien información. Además, debemos pedirles que propongan soluciones a los problemas. Debemos asistir a las reuniones de ventas con varias soluciones para los clientes y decirles por qué nuestras soluciones son mejores. Por otra parte, debemos ocuparnos directamente de los problemas del cliente; anticipar lo que este quiere. Si no sabemos algo, debemos admitirlo. Usemos un lenguaje que el cliente pueda entender.

2. Conector: nuestra tarea es inspirar a los demás. Tenemos la facilidad de saber quiénes deben integrar el equipo y por qué. Debemos buscar oportunidades de hacer conexiones, pero antes debemos pedir permiso. Debemos enviar un mensaje electrónico diario que empiece así: “Pensé en ti cuando leí esto”; luego, debemos incluir algunas líneas sobre cómo se podría beneficiar el destinatario. Asimismo, debemos participar en el viaje anual del grupo (por ejemplo, una excursión) y conocer otras personas.

Es mejor no enviar correos electrónicos en masa, pues esto es muy molesto. Además, no debemos molestarnos cuando no nos devuelvan las llamadas. Somos líderes porque tenemos la capacidad de identificar las fortalezas y los talentos de los demás. Atraemos la lealtad de nuestros colegas porque estos creen que los podemos ayudar a hacer cosas importantes. Somos especialistas en integrar equipos. Conocemos a mucha gente y ayudamos a los demás a tomar en cuenta diversos puntos de vista. Es importante que no comparemos al personal. Lo mejor es poner de relieve las fortalezas y habilidades de cada quien. Asimismo, debemos personalizar nuestras comunicaciones.

3. Creador: el tiempo a solas nos permite desarrollar y contemplar el funcionamiento de las cosas; pero debemos asegurarnos de que la gente nos vea con cierta frecuencia. Nos gustan los conceptos, los patrones y las ideas, pero nos desagradan las sorpresas. Cuando se nos “prende el bombillo” logramos identificar la mejor manera de hacer las cosas. Nos consideramos muy capaces a la hora de analizar lo que sucedió y por qué sucedió. Nos hace falta un cierto tiempo para causar una buena impresión en los demás. No debemos preguntar demasiado por qué. Si rechazan nuestra primera sugerencia, debemos buscar otra manera de utilizar nuestra idea. Debemos estar al día en lo que a nuevas tendencias y prácticas se refiere. Además, es importante que busquemos la manera de que los demás vean nuestro talento.

Es preciso que nos relacionemos con personas que tengan otras perspectivas; pero es importante que no nos convirtamos en los únicos defensores de una idea en particular. Es posible que los demás pierdan la paciencia; por tanto, es importante que les demostremos que cualquier esfuerzo es valioso. Debemos clarificar la intención de cada uno de los objetivos. El gerente siempre debe reconocer los esfuerzos del personal. Nuestras expectativas deben ser claras y coherentes.

Debemos invitar a los clientes para que nos den su opinión y así entender sus necesidades. Debemos confiar en nuestros instintos y sacar nuestras propias conclusiones.

4. Equilibrista: buscamos equilibrio. Detestamos cuando los demás no aparecen. Tenemos una brújula moral muy activa y nos gusta proteger los derechos de los demás. Si queremos causar una buena impresión, debemos cumplir con lo prometido. También debemos ayudar a los demás a identificar la mejor manera de resolver los problemas. Somos buenos mediadores.

Siempre debemos clarificarles a los demás nuestra definición de justicia. Recordemos que los demás esperan que actuemos correctamente. Si queremos impresionar a los clientes, es mejor que no despreciemos a la competencia. Los clientes creen en nosotros. Una manera de cultivar la lealtad de estos es admitir que nuestro producto o servicio no dio en el clavo.

5. Influenciador: perdemos la paciencia cuando es hora de tomar decisiones. Escuchamos a los demás para determinar qué se debe hacer a continuación. Tenemos carisma y encantamos a los demás porque sabemos que la gente está más dispuesta a hacer algo por aquellas personas que le gustan. Somos muy hábiles a la hora de tratar de que los demás hagan algo que no necesariamente querían hacer. Para impresionar a los demás, debemos ser claros a la hora de presentar planes. Debemos darles las gracias a quienes nos rodean. Debemos ser inquisitivos y esperar por las respuestas. Debemos tomar apuntes durante las conversaciones, pues esto es una señal de que valoramos lo que dicen los demás; esto nos permitirá desarrollar nuestras relaciones.

Debemos cultivar nuestro sentido del humor, pues esta es una de nuestras fortalezas. A los demás les gusta escuchar lo que decimos, sobre todo cuando se trata de anécdotas en las que nos menospreciamos a nosotros mismos. Para trabar relaciones, debemos recordar el nombre de los demás. Al vender, debemos ofrecer un mensaje claro. Si tratamos de atraer a los compradores con demasiadas tácticas, es posible que los irritemos. Es posible que mientras tratamos de influir en los demás, tendamos a cometer errores.  Por tanto, es importante que aprendamos a disculparnos.

Esta historia continuará

Fuente: resumido.com

Editado por: Judith Aponte, Collell & Asociados, C.A.

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