Sobresalir Hallar ventaja. Ganar en el trabajo (Ultima parte)

Marcus Buckingham

6. Pionero: somos verdaderos optimistas y nos encantan los nuevos desafíos. Los problemas técnicos no nos asustan: nos parecen divertidos. Cuando nos describimos, decimos: “Soy una de las personas más flexibles que conozco. Me levanto de nuevo con rapidez”. Es importante que pongamos de relieve nuestro optimismo natural. Cuando los demás le huyan al cambio, debemos ayudarlos a ver nuevas posibilidades desde un punto de vista que no sea amenazador. Somos capaces de generar un entorno seguro para los jóvenes que quieren convertir sus sueños en realidad; así que debemos ser mentores.

Aunque nosotros solemos continuar con facilidad después de los fracasos, debemos ayudar a las personas que no logran esto con tanta facilidad. No debemos pasar de una idea a la otra. Aunque no nos preocupa lo desconocido, los demás no se sentirán tan seguros si todo lo que les decimos es: “Confía en mí. Todo saldrá bien”. Debemos presentar nuestras ideas de una manera divertida. A los clientes debemos contarles anécdotas reales de cómo vale la pena asumir riesgos.

Necesitan estas evidencias para confiar en nosotros.

7. Proveedor: nos preocupamos por los sentimientos de los demás y queremos ser sus voceros. Nos molestamos cuando sentimos que nadie nos escucha. Por otra parte, nuestra capacidad de escuchar permite que los colegas más problemáticos bajen la guardia. Creemos que los demás dependen de nosotros y esto nos agrada. Debemos usar nuestra intuición para evaluar cómo están relacionados los miembros del equipo. Nuestro don para guardar secretos debería ayudarnos a convertirnos en agentes de transformación en aquellos momentos difíciles cuando los colegas no creen los unos en los otros.

Sin embargo, debemos evitar que nuestros propios problemas se intensifiquen y terminemos explotando. Somos ingenuos desde un punto de vista político y por tanto esperamos que los demás sean tan responsables e incluyentes como nosotros. Debemos confirmar lo que nos dicen antes de defender a las personas. Recordemos que las personas egoístas también pueden tener un lado positivo. Si queremos liderar y ganarnos la lealtad de los demás, debemos adaptarnos a los retos y compartir las historias exitosas. Nos preocupan los clientes, pero no debemos ofrecer más de lo que podemos dar. Si algo sale mal es mejor que lo reparemos en vez de ponernos a hablar.

8. Estimulador: nos concentramos en lo que le gusta a los demás. Tal vez seamos emotivos, pero le imprimimos una energía positiva a todas las situaciones. Nos energiza estar con mucha gente y solemos describirnos como “personas divertidas”. Para hacernos notar, debemos dar nuestra opinión con tacto. Asimismo, debemos disipar la noción de que damos felicitaciones poco sinceras. Si queremos seguir adelante, debemos establecernos límites claros. No es posible que le subamos el ánimo a todo el mundo, pero sí podemos ayudar a que los trabajadores más problemáticos cambien de actitud. Debemos buscar la manera de que los demás se sientan inspirados. Además, debemos tomarnos cierto tiempo para recargar nuestras baterías. No debemos preocuparnos demasiado por los problemas ni temerle a la opinión de los demás.

Cuando nos toque liderar, debemos valernos de nuestro sentido del humor y reírnos de nosotros mismos. Debemos estar de acuerdo únicamente con las ideas que realmente nos gustan y prometer sólo aquello que podamos cumplir. Asimismo, debemos fomentar el hecho de que el personal salga de la oficina y visite a los clientes. Nuestro mal humor es tan contagioso como nuestro buen humor. Si hemos tenido un mal día, es mejor que nos tomemos un tiempo para recomponernos. Debemos vender con sinceridad y respaldar nuestra actitud positiva con hechos, de modo que los demás no nos consideren demasiado optimistas.

 9 Maestro: nos preocupamos por que los demás entiendan bien los asuntos. Consideramos que cada persona es un “trabajo en progreso”. Los demás trabajan muy bien con nosotros, pues les damos la oportunidad de aprender y crecer. Todo el tiempo estamos tratando de ver cómo funciona la mente de los demás. Debemos tratar de aprender de todas las situaciones. Escuchar con detenimiento demuestra que respetamos a los demás. Durante nuestros primeros días en un cargo debemos presentar al menos una nueva idea. Además, debemos ofrecernos como tutores de nuestros colegas y mantener el contacto con aquellas personas que ya hayamos tutorado.

Si recomendamos a alguien, debemos describir claramente sus capacidades. Si damos nuestra opinión tan pronto como entremos en una nueva situación, nos verán bajo una luz negativa. Debemos formular preguntas y tomar notas. De este modo los demás comenzarán a valorar lo que decimos. Somos grandes líderes porque creemos que todo el mundo puede tener éxito. Tratamos de ver las cosas desde la perspectiva de los demás. Nuestras preguntas motivan a los demás porque valoramos las respuestas. Siempre debemos estar disponibles. Para tal fin, podemos establecer un encuentro diario para tomar café o almorzar. Es importante que tratemos a cada persona de una manera distinta. Al vender, debemos personalizar nuestro enfoque con cada cliente. Nos encanta enseñar el producto, pero debemos tratar de darnos cuenta de cuándo el cliente ha tenido suficiente. Debemos compartir nuestros conocimientos en un boletín o blog.

Tenemos mucha experiencia y los demás quieren aprender de nosotros.

Los tres principios de la fortaleza

Nuestra recopilación individual de fortalezas nos da un “genio innato”; pero tener ciertas capacidades no es lo mismo que ponerlas en práctica.

Debemos seguir tres principios para usar nuestras fortalezas:

1. Nuestro genio es preciso: cuando nos desempeñamos dentro de nuestra “zona de fortalezas”, terminamos destacándonos.  Podemos lograr cualquier cosa. Pero, si nos alejamos de dicha zona, nos convertimos inmediatamente en una persona común y corriente. Tomemos por caso a Michael Jordan que triunfó como jugador de baloncesto, pero fracasó como jugador de béisbol.

Debemos probar nuevas cosas, pero sin perder de vista que sólo brillamos bajo ciertas condiciones y en ciertos papeles.  Al empezar en un nuevo empleo, debemos aprovechar nuestras fortalezas. Esto es lo que nos permitirá tener éxito.

 2. No podemos respetar lo que no recordamos: podemos usar nuestras fortalezas siempre y cuando las tengamos presentes. Si nuestras fortalezas permanecen alojadas en nuestro subconsciente, no seremos capaces de aprovecharlas. Debemos usar nuestras fortalezas y desarrollarlas.

3. Debemos ir más allá de lo que hacemos normalmente: quienes tiene éxito suelen ir un poco más allá dentro de sus zonas de fortalezas.

Fuente: resumido.com

Editado por: Judith Aponte, Collell & Asociados, C.A.

Anuncios