La Pyme de Avanzada

Bart van Hoof y Henry Gómez Samper

Segunda y última parte

A diferencia del ejemplo anterior, en el cual el nuevo negocio nace de la colaboración entre la empresa y un importante cliente, Ecoflora es el caso de una empresa que desarrolla su innovación mediante la investigación. Fue fundada en 1998 para producir y comercializar insumos y soluciones tecnológicas derivadas de plantas provenientes de la biodiversidad colombiana. Cuenta con unos 35 empleados y desarrolla sus productos con base en investigación sistemática, que patrocina en la Universidad de Antioquia. Su primera línea de negocios es la de bioinsumos agrícolas, para proteger de las plagas a cultivos como flores de corte, hortalizas y frutales. Se calcula que no menos del sesenta por ciento del área cultivada de flores de corte en el país utiliza productos Ecoflora. La segunda línea es la de colorantes y otros ingredientes activos naturales utilizados por las industrias de cosméticos, alimentos y productos de limpieza para el hogar. En 2008, la empresa ganó el Premio Nacional de Innovación otorgado por el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo. El espíritu innovador que distingue a empresas como Ecoflora no solo abre nuevas industrias y fuentes de empleo sino que realiza una importante contribución a la sostenibilidad.

Sostenibilidad: la nueva ventaja competitiva

La empresa sostenible es la que maneja los impactos ambientales de sus operaciones productivas: residuos, emisiones al aire, el agua que utiliza y cómo dispone de ella, y los envases y empaques en los que despacha sus productos. Algunas empresas desestiman estos impactos, mientras que otras no solo los controlan sino también los aprovechan. Al lado del control de estos impactos ambientales, la sostenibilidad abarca el manejo de las relaciones con la sociedad y los trabajadores; que incluye pagar sueldos y prestaciones sociales a los empleados de todo nivel, desde los más altos directivos hasta el obrero raso. La sostenibilidad organizacional y de las operaciones empresariales es un criterio cada vez más impulsado por los gobiernos y las grandes empresas. La pyme que rehúye aplicar criterios de sostenibilidad corre el riesgo de perder competitividad.

Un estudio de 1.300 pymes latinoamericanas reveló que las prácticas empresariales con respecto a los trabajadores se rigen, ante todo, por la meta de aumentar beneficios y estimular la fuerza laboral, aunque matizada por principios religiosos; mientras que pasan por alto la tarea de reducir el impacto ambiental y practicar el reciclaje por falta de recursos, por desconocimiento y por la creencia de que no hay impacto ambiental alguno (Vives, Corral e Isusi, 2005). Sin embargo, la creciente importancia de las cadenas de suministro, el cambio de tecnología, las amenazas a la estabilidad social y política o la eventualidad de un desastre ambiental llevan al aprendizaje organizacional. Con el tiempo cambia la forma como se practica la gerencia.

La estrategia defensiva es seguida por el común de las empresas, que desestiman su responsabilidad social y ambiental. Estas empresas niegan o no advierten que son responsables del daño que hacen a la sociedad. No llevan registros de sus desperdicios ni conocen el costo de procesos operativos ineficientes. Contratan a destajo. Apuntan a la ganancia ocasional, de corto plazo. Se aprovechan de la poca vigilancia de las autoridades. Creen que adelantar una gestión responsable y sostenible es costoso, que solo las grandes empresas la pueden sufragar. El resultado ha llevado al mundo deteriorado de hoy: terrenos erosionados y escasez de agua por haber talado la vegetación; lechos, quebradas y ríos contaminados por aguas negras, que colocan la salud pública en peligro; islas inmensas de basura amontonada, que flotan por los océanos.La pyme que acata las normas trata de cumplir la regulación vigente, tanto en lo laboral como en lo ambiental. Acude a las autoridades para conocer sus obligaciones. Se acerca a sus proveedores para conocer el origen de sus insumos y las garantías de suministro que estén a su alcance, así como a organizaciones reconocidas mundialmente que certifiquen la calidad de sus procesos

Pero acatar las normas puede ser insuficiente. Así como los gobiernos carecen de capacidad adecuada para vigilar a las empresas y asegurar que cumplan la regulación laboral y ambiental, ocurren fallas en la normativa y en su manejo; como, en efecto, han mostrado los deslaves y las inundaciones ocurridas en América Latina durante los últimos años. Las autoridades descuidan, por ejemplo, la limpieza de canales de desagüe y el dragado de ríos, y desestiman el peligro que puede causar la naturaleza, lo que ha ocasionado inmensas pérdidas a las empresas afectadas. Con todo, son aun mayores las pérdidas que ocasionan la ineficiente utilización de agua y energía, y el mal manejo de desperdicios. En síntesis, ocuparse de asuntos laborales y ambientales es tarea de toda empresa.

La estrategia de prevenir impactos negativos es seguida por empresas conscientes del peligro que corren al desatender su responsabilidad social y ambiental. Son empresas que se proponen identificar ineficiencias en sus procesos y reducir sus costos operativos. Ejemplos de sus acciones son la recirculación de agua en la industria alimenticia, la instalación de sistemas de iluminación que ahorran energía o la reutilización de empaques. A lo largo de América Latina existen diversos centros de «producción más limpia» a los que pequeñas y medianas empresas pueden acudir para obtener apoyo técnico en el mejoramiento de sus procesos.

La estrategia proactiva convierte la sostenibilidad en eje central del negocio: obtener rendimientos financieros a partir de metas ambientales y sociales. Por ejemplo, la empresa chilena TriCiclos, creada en 2009, instala «puntos limpios» en las cercanías de grandes supermercados y centros comerciales, recoge y recicla objetos desechados, y ofrece soluciones a todo tipo de organizaciones sobre cómo disponer de basura y ahorrar en el consumo energético. En su primer año, TriCiclos logró ventas de 635.000 dólares mediante el reciclaje de 780 toneladas de materiales (equivalente a reducir 2.300 toneladas de carbono en la atmósfera). Para apalancar su crecimiento, TriCiclos obtuvo la primera certificación como empresa sostenible «Sistema B» en Sudamérica, reconocida por fondos de inversión

La pyme que avanza

La empresa que sobresale es la que introduce nuevos productos, intuye nuevas formas de hacer las cosas y ensaya nuevas formas de organización. Apunta a la utilización de nuevas tecnologías, se integra en cadenas globales y se desempeña como «buen ciudadano», dispuesta a contribuir al progreso de la sociedad. Su visión se manifiesta en el balance de los tres ejes que orientan su empeño: la inserción en cadenas globales, la innovación y la gestión sostenible.

La pyme latinoamericana es casi siempre una empresa familiar, con el emprendedor o su descendiente a la cabeza, que logra levantar su empresa frente a los inmensos retos y amenazas del entorno, conoce a sus trabajadores de primera mano, adquiere sus principales insumos en su país y hasta en la zona circundante a su planta, y manifiesta sensibilidad social y ambiental (Gómez, Koljatic y Silva, 2010). El manejo del negocio es absorbente y muchos empresarios reconocen que requieren ojos y opiniones ajenas para cuestionarse y reinventarse, pero su dedicación y el arraigo a su tierra facilitan el desarrollo de un compromiso personal con la sostenibilidad.

El creciente nivel educativo del emprendedor latinoamericano e hoy le proporciona, en general, una visión social y ambiental más amplia de la que distinguía a los empresarios del pasado. A la vez, el renovado crecimiento de las economías de la región, la globalización de los mercados y los nuevos tratados de libre comercio que las unen con Estados Unidos, la Unión Europea, Canadá y la cuenca del Pacífico están dando paso a nuevos horizontes para la pyme de avanzada.

Fuente: www.iesa.edu.ve/Debates IESA

Editado por:Judith Aponte/Collellca

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