Por qué la represión de las emociones es mala para las Empresas

Autor. Daniel Chapiro

Usted podría pensar que en las situaciones difíciles es mejor ignorar las emociones, pero hay dos grandes problemas con esta táctica.  En primer lugar, es difícil de hacer como lo dirá cualquier persona que ha sentido sus manos sudorosas y su corazón latiendo fuerte durante una conversación acalorada.  En segundo lugar, y más importante no le conviene.  La inversión emocional mejorará sus relaciones, aumentará  la confianza y promoverá acuerdos satisfactorios y duraderos.  Y en momentos económicos difíciles, cuando escasean otros tipos de incentivos, fomentar las emociones positivas –haciendo que las personas se sientan optimistas y comprometidas- puede ser una de las principales fuentes de valor para su organización.

Mediante la investigación académica y nuestra consultorías a importantes empresas y líderes de gobierno, junto a mis colegas comprendimos que las emociones “no aparecen” por si solas. Muchas de ellas, que surgen de las comunicaciones y conflictos diarios, provienen de cinco inquietudes básicas que son predecibles:

  • Aprecio: reconocimiento de lo valiosa que es una persona
  • Afiliación: conexión emocional con otros
  • Autonomía: libertad para sentir, pensar o decidir,
  • Estatus: posición en comparación a otros y;
  • Rol: nombre del cargo y actividades racionadas.

Al abordar estos problemas proactivamente, usted puede desviar una conversación potencialmente negativa a un ámbito más positivo, lo que permite obtener mayor cooperación de parte de sus superiores, colegas y subordinados.

Para ver cómo funciona esto en la práctica, veamos el ejemplo de dos empleados que fueron despedidos bajo distintas circunstancias.

Yo hablé con Sam después de que supo sin previo aviso, que se iba a eliminar su división por restricciones económicas. Cuando su jefe le comentó esta decisión no expresó ningún aprecio a sus años de lealtad.  Él le quitó su autonomía al no darle ningún aviso previo. Y ella se sintió desafiliada y totalmente abandonada por sus superiores, a los que consideraba como aliados de confianza, además de amigos.  Absolutamente indignada amenazó con demandar a la empresa.

Chiris un ejecutivo de otra firma, perdió su trabajo por razones económicas similares pero con la diferencia de que su jefe provocó en él emociones positivas al tratar con las inquietudes básicas.  La primera vez que Chiris supo que su empresa enfrentaba problemas de presupuesto fue cuando su jefe le mostró un informe trimestral de las ventas y le pidió recomendaciones para generar mayores ingresos.  A medida que el mercado seguía declinando, la compañía decidió eliminar el cargo de Chris en un intento por reducir costos.  Pero le dieron la opción de seguir con jornada completa hasta fin de mes o con media jornada durante dos meses. Además se le dijo que en cuanto mejoraran las condiciones sería recontratado.  Su jefe también le ofreció compartir con él su red de contactos.

Las emociones positivas son una fuente de valor rentable y de bajo costo

Aunque Chiris perdió su trabajo, mantuvo una buena opinión de la empresa.  Su jefe lo apreciaba lo suficiente como para pedirle ideas y respetó su necesidad de autonomía al ofrecerle opciones de terminación de contrato, además de mantenerle las puertas abiertas para volver en el futuro y Chris siguió sintiéndose muy cercano a su jefe, quien le continuaba enviando información sobre posibilidades laborales.

Enfrentar constructivamente las cinco inquietudes básicas es un enfoque rentable y de bajo costo, especialmente si se puede realizar de modo sistemático.  En la medida en que usted fomente el bienestar emocional de su organización, podrá sacar más valor de los momentos buenos y será más eficaz para sobreponerse a los malos.

Fuente: Harvard Business Review

Editado por: Judith Aponte/Collellca

Anuncios