Cómo descubrir tus puntos fuertes profesionales

Autora: Isabel Gómez López

¿Estás usando tus fortalezas profesionales?

Si tu respuesta es afirmativa, te felicito, formas parte del reducido grupo del 17% de personas que ha logrado descubrir y aplicar aquello que hacen bien en su día a día profesional.

Pero comencemos por el principio ¿Qué son las fortalezas?

Nuestras fortalezas están compuestas por tres ingredientes:

– Los talentos, todos tenemos talentos, como la empatía o un carácter positivo. Son características innatas que permanecen con nosotros durante toda nuestra vida.

“El talento es algo innato que te conecta con el placer y en lo que eres bueno desde siempre”

– Las destrezas, como conocer una metodología para enseñar a leer, cerrar un balance, confeccionar nóminas, redactar una demanda, controlar el espacio aéreo o diseñar una casa. Son aprendidas, no innatas.

Conocimiento

– El conocimiento, por ejemplo, identificar el ritmo de aprendizaje de una persona según su edad, quien es el competidor más fuerte del mercado o cual es la mejor ubicación para instalar un restaurante. El conocimiento se adquiere.

Unificando estos tres ingredientes – la empatía, conocer una metodología para enseñar a leer y e identificar el ritmo de aprendizaje de una persona según su edad- se crea la fortaleza “enseñar a leer de un modo adaptado al alumno”.

Cómo saber cuáles son tus fortalezas?

Para identificar fortalezas un buen punto de partida es plantear cómo nos sentimos con las actividades que realizamos normalmente.

Cuando se pregunta a alguien por sus puntos débiles, a menudo responde pasándolos a positivo, es algo muy frecuente en las entrevistas de trabajo, y probablemente todos lo hayamos hecho en algún momento. Ocurre, por ejemplo, cuando decimos: “Soy demasiado exigente conmigo mismo” o “Soy muy perfeccionista”.

En cierto modo es normal, forma parte de la condición humana querer ofrecer al mundo la mejor versión de nosotros mismos que podamos.

En cambio, cuando preguntamos por las fortalezas, la mayoría de las personas no saben qué responder, es increíble, pero solemos quedarnos sin palabras o dar respuestas demasiado vagas e inconcretas como “soy buena persona”.

Todos tenemos talentos y fortalezas, pero pocas personas son conscientes de ellos y todavía menos las utilizan y necesitamos conocer nuestras fortalezas para saber qué aspecto mejorará más a medida que nos formemos en ello y lo pongamos en práctica.

Aquí te dejo algunos indicadores que te ayudarán a identificar tus fortalezas:

– Eficiencia: Algo que realizas especialmente bien, pero no solo eso, también disfrutas mientras estas centrada en ello.

– Instintivo: Te sientes atraída por esas actividades concretas, no puedes eludirlo, es una necesidad.

– Crecimiento: Te resulta sencillo concentrarte en esas actividades y, además te sientes feliz mientras las realizas (Flow, M. Csikszentmihalyi), y eres consciente de esa felicidad después de haberla experimentado.

– Facilidad: Aunque esas actividades requieren esfuerzo, te parecen fáciles. Es un reto que te parece sencillo y te sientes realizada, que eres “tú misma” mientras estás en ello.

– Concentración: No eres consciente del paso del tiempo mientras realizas esas actividades.

Basándonos en esto:

– ¿Qué actividades concretas te hacen sentir así?

– ¿Cuáles son los puntos positivos con los que cuentas desde que tienes memoria?

– ¿Cómo y cuales se han desarrollado con el tiempo?

– ¿Cuándo te sientes fuerte?

Estas preguntas son un primer paso para identificar tus fortalezas, te propongo que, basándote en estas preguntas definas varias actividades y las leas posteriormente. Si no sientes una conexión emocional con ellas, bórralas y empieza de nuevo, eso significa que todavía no has dado en el clavo.

La otra cara de la moneda, las debilidades

¿Por qué es mejor potenciar las fortalezas que intentar arreglar las debilidades?

Nos han enseñado que para tener éxito hay que saber solucionar problemas, parece que ser inteligente y eficaz consiste en disponer de la capacidad para resolverlos.

Sin embargo, suele ser más provechoso descubrir tus fortalezas y apoyarte en ellas que intentar “arreglar” nuestros puntos débiles.

¿Por qué?

Lo que sucede es que cuanto más nos centramos en algo, más se expande. ¿No te ha ocurrido que si te compras un coche marca X, modelo Y no dejas de ver otros iguales? O si has estado embarazada ¿recuerdas que no veías más que embarazadas por todas partes en aquella etapa de tu vida?

Del mismo modo, cuanto más pensamos en algo negativo, más negativos nos volvemos.

Piensa en deseos como “no quiero llegar esos 10 minutos tarde todos los días”, probablemente, se queden en deseos, no en motores, porque el pensamiento está focalizado en lo que “no funciona”. Sabemos que resulta más provechoso y agradable utilizar nuestros recursos que profundizar en los problemas.

Algunas personas creen que trabajando una debilidad se consigue una fortaleza pero eso no ocurre muy a menudo, solo algunas veces algo que “anda mal” se convierte en un aspecto que destacamos, y hay tanto que construir y desarrollar si nos centramos en nuestros puntos fuertes!

No quiero decir con esto que no se deba intentar mejorar aquello que no está del todo bien, pero el tiempo y el esfuerzo son mucho más rentables si los utilizamos en otra dirección.

Por eso, mi sugerencia es que te plantees ¿Cuáles son mis fortalezas y cómo puedo aplicarlas durante el día de hoy? Es más, permítete que todos los días empiecen con esas dos preguntas, cuando lo hagas, tu entorno profesional y tú misma salgan ganando.

Recuerda que eres dueñ@ de tu vida, convierte tu libertad en valor.

 

Isabel Gómez, Lic. En Ciencias del Trabajo, Master en Marketing, MBA y Emprendedora vocacional, es Consultora y Coach Profesional en Éxito en Femenino

 

Fuente: www.exitoenfemenino.com

Editado por: Judith Aponte/Collellca

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