Relaciones, emociones y liderazgo

Autora: Rita Arosemena P.

Hace unos días escuché un audio fantástico de Jim Rohn donde se explica la importancia de filtrar a las personas que forman parte de nuestra vida. Se puede hacer en tres grupos:

  1. Personas con quienes es conveniente establecer una asociación amplia (porque nos ayudan a crecer).
  2. Personas con quienes hay que tener una asociación limitada (porque no favorecen nuestro crecimiento pero tampoco son del todo negativas).
  3. Personas con las que no conviene tener ninguna asociación, porque solo llenan nuestra vida de caos y pesimismo.

Desde luego, romper un vínculo con alguien que ha sido y sigue siendo importante para nosotros no es fácil; de hecho, es tan complicado que algunas personas se resignan a mantener relaciones interpersonales con gente que menosprecia sus sueños y aspiraciones, que empequeñece su visión.

La inteligencia emocional  es una de las mayores deudas del sistema educativo tradicional, y también el principal desafío de todo líder o emprendedor. Sin la habilidad suficiente para reconocer nuestras propias emociones y actuar de forma coherente respecto a lo que sentimos, se ve afectada nuestra capacidad de toma de decisiones y pronto caemos en el equívoco de consolidar relaciones con personas que entorpecen nuestro desarrollo y dejar perecer los vínculos que contribuyen o pueden contribuir a nuestro crecimiento.

William Shakespeare dijo una vez: “Sabemos lo que somos, pero no lo que podemos llegar a ser”. El problema es que tampoco sabemos lo mucho que influye en nuestra evolución el tipo de personas del que decidimos rodearnos.

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Fuera de toda superstición o creencia metafísica, la neurociencia es clara en este aspecto: somos propensos a convertirnos en aquello que nos rodea y a materializar nuestras conviccionesy a pesar de que la teoría psicológica de la formación moral habla del alcance de una etapa en la que somos capaces de distinguir entre lo que nos conviene y lo que nos perjudica, muchas personas no llegan a desarrollar del todo esa capacidad y tampoco cuentan con la inteligencia emocional ni la humildad para reconocer que su realidad actual está lejos de su realidad soñada.

A veces no somos conscientes de lo mucho que influye en nuestra evolución el tipo de personas del que decidimos rodearnos.

Siempre he pensado que la psicología de las emociones debería ser una disciplina de interés general y no académico. De hecho, muchos de los que ingresamos a la facultad de Psicología lo hacemos para resolver nuestros propios conflictos antes que para ayudar a los demás a cazar fantasmas.

En el emprendimiento y el liderazgo (por no hablar del marketing), las emociones cobran un rol de mayor peso; se convierten en la melena de Sansón de muchos y el talón de Aquiles de otros, o en palabras simples: la vida y la muerte, el éxito y la mediocridad.

Warren Buffet tiene una opinión muy sencilla y franca respecto a esto: “Si no puedes controlar tus emociones, tampoco podrás controlar tu dinero”. Y la verdad es que no solo será tu dinero lo que se te escurra de las manos, también las oportunidades, los buenos amigos, los buenos socios, las personas que creen en ti, tu familia, la mesa llena después del trabajo o el abrazo en la cama después de un largo día. Lo que toma años de trabajo construir puede venirse abajo en un segundo por una mala palabra, un mal gesto o una mala decisión.

En “Los 12 pilares del éxito”, Jim Rohn habla de lo importante que es saber manejar nuestras emociones para construir y mantener relaciones sanas, vínculos con personas que nos impulsen a crecer, que nos inyecten seguridad y optimismo. Lo curioso es que el mundo exterior no conforma el primer pilar del éxito según Rohn; el primer pilar es, en cambio, la relación que establecemos con nosotros mismos y que termina siendo un espejo donde se ve reflejada la forma en que nos conducimos en todos los ámbitos de nuestra vida.

“Sé el cambio que deseas ver en el mundo”, decía Ghandi. O su equivalente: sé el tipo de persona del que te gustaría rodearte y no temas hacer ajustes en tus asociaciones. Puede que tus amigos aficionados al alcohol y las apuestas fueran perfectos para ti en la época en la que los conociste, pero no ahora. Por supuesto, la única forma de dejarlos a un lado será consolidando primero tu relación contigo mismo, conociéndote, adueñándote de lo que sientes y siendo siempre coherente, porque la inconstancia es un estorbo para el éxito.

Una líder que admiro compartió conmigo una vez una fórmula de cuatro preguntas para determinar si una persona merece ser parte de tu vida, si realmente vale tu energía y dedicación, y aunque inicialmente el esquema se aplica para evaluar a los demás, quizás sea mejor emplearlo para evaluarse primero a uno mismo, para definir si estamos siendo nuestro mejor aliado o nuestro peor enemigo.

  1. La persona que soy, ¿me conviene a mí mismo? 
  2. La persona que soy, ¿me edifica? 
  3. La persona que soy, ¿me motiva a ser una mejor persona? 
  4. La persona que soy, ¿es capaz de construir el futuro que quiero? 

A veces, el caos de afuera viene de adentro.

Fuente: https://www.emprendices.co

Editado Por: Judith Aponte/Collellca

 

 

 

 

 

 

 

 

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